Autor Tema: El Café de la amistad  (Leído 18763 veces)

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #15 en: Septiembre 08, 2012, 17:21:28 pm »
Tomare un cafecito en buena compañia por este hilo  ;)


8 grandes verdades lluvia...vaya que si  :ok

La autenticidad es ser realmente uno mismo y del todo en cada situación.

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #16 en: Septiembre 08, 2012, 17:38:46 pm »
Me tomo otro contigo, Maribel.. que a mi el café nunca me sobra.



Y me voy a toda pastilla... .. Hasta la noche.  :)

La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #17 en: Septiembre 09, 2012, 00:25:24 am »
¿Alguna vez os habéis preguntado por qué la locura y el amor caminan siempre de la mano, por qué son inseparables?... pasad y leed  :)

El amor y la locura

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: ¿jugamos a las escondidas?

La Intriga levantó la ceja intrigada, y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: ¿a las escondidas? ¿cómo es eso?



Es un juego, explicó la Locura, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón. Mientras tanto ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará entonces mi lugar para continuar así el juego.

El Entusiasmo bailó secundado de la Euforia, la Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, la Verdad prefirió no esconderse, ¿para qué?, si al final siempre la hallaban.

La Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse.



Uno, dos, tres … comenzó a contar la Locura.

La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.

La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la Belleza; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad; que si una rendija de un árbol, ideal para la Timidez; que si la ráfaga del viento, magnífico para la Libertad. Así que terminó por ocultarse en un rayito de sol.

El Egoísmo encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo…pero sólo para El.

La Mentira se escondió en el fondo de los Océanos, mientras la realidad se escondió detrás del arco iris y la Pasión y el Deseo dentro de los Volcanes.

El Olvido… se me olvidó donde se escondió, pero eso no es lo importante. Cuando la Locura contaba 999,999, el Amor no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón... contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza, a tres pasos de una piedra.

Después se escuchó a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre la Teología;y a la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo.

Al Egoísmo no tuvo ni qué buscarlo, solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris… (mentira!, si ella estaba en el fondo del Océano) y hasta el Olvido, que ya había olvidado que estaban jugando a las escondidas.

Pero…el Amor no aparecía por ningún sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, en cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas... y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido los ojos del Amor. La Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la Tierra, eL AMOR es ciego y la LOCURA siempre lo acompaña.



La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #18 en: Septiembre 09, 2012, 00:27:15 am »

   Muy bien. muy bien Lluvia todo lo que nos has compartido. que por ahi encontré ésta reflexión:

   Al piel roja le caracteriza su actitud respecto de la soledad. el silencio y el secreto: no hay que temer a la paz interior. sino buscarla mas bien como reserva de fortaleza espirtual. Los ninios piel roja aprenden a sentarse. quietos. junto a la madre o a una hermana. también quietas. Dice el cacique Lutero Oso parado. de los indios sioux de Dakota: "A nuestros pequenios se les ensenia a sentarse tranquilos y a hacerlo con gusto. se les instruye a emplear bien el olfato. a mirar aunque aparentemente no halla nada que ver. y a escuchar con atención cuando todo. al parecer. se halla en silencio".

                                                                            - Francés Mossiker. en Pocahontas

                                                                                                            :)

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #19 en: Septiembre 09, 2012, 01:07:33 am »
¿Alguna vez os habéis preguntado por qué la locura y el amor caminan siempre de la mano, por qué son inseparables?... pasad y leed  :)

El amor y la locura

Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: ¿jugamos a las escondidas?

La Intriga levantó la ceja intrigada, y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó: ¿a las escondidas? ¿cómo es eso?



Es un juego, explicó la Locura, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón. Mientras tanto ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará entonces mi lugar para continuar así el juego.

El Entusiasmo bailó secundado de la Euforia, la Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, la Verdad prefirió no esconderse, ¿para qué?, si al final siempre la hallaban.

La Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la Cobardía prefirió no arriesgarse.



Uno, dos, tres … comenzó a contar la Locura.

La primera en esconderse fue la Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.

La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la Belleza; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad; que si una rendija de un árbol, ideal para la Timidez; que si la ráfaga del viento, magnífico para la Libertad. Así que terminó por ocultarse en un rayito de sol.

El Egoísmo encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo…pero sólo para El.

La Mentira se escondió en el fondo de los Océanos, mientras la realidad se escondió detrás del arco iris y la Pasión y el Deseo dentro de los Volcanes.

El Olvido… se me olvidó donde se escondió, pero eso no es lo importante. Cuando la Locura contaba 999,999, el Amor no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.

Un millón... contó la Locura y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la Pereza, a tres pasos de una piedra.

Después se escuchó a la Fe discutiendo con Dios en el cielo sobre la Teología;y a la Pasión y el Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo.

Al Egoísmo no tuvo ni qué buscarlo, solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir de qué lado esconderse.

Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris… (mentira!, si ella estaba en el fondo del Océano) y hasta el Olvido, que ya había olvidado que estaban jugando a las escondidas.

Pero…el Amor no aparecía por ningún sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, en cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas... y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas. Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó: las espinas habían herido los ojos del Amor. La Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la Tierra, eL AMOR es ciego y la LOCURA siempre lo acompaña.




Hola lluvia, preciosa reflexión...  ;)... bien cierta la última frase, el amor es ciego y la locura lo acompaña...con razón a veces no entendemos que pasa, solo, pasa...

Gracias por compartirnoslo, lluvia...

Salu2!!

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #20 en: Septiembre 09, 2012, 01:26:26 am »
Gracias por entrar y compartir, Omega  :). La próxima vez recuerda que estás invitado a tomar lo que quieras.  ;D

Gracias siempre a ti, Friendly  ;). Recuerdo haber leído un proverbio (creo que era chino) que decía algo así como..  "Es una locura amar, si no se ama con locura".. Pues eso.. ¡a volvernos locos!  ;D

La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #21 en: Septiembre 09, 2012, 01:28:43 am »
 :si2 bien cierto...  ;)


salu2!!

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #22 en: Septiembre 09, 2012, 18:16:00 pm »
Buenas tardes a tod@, precioso café para poder charlar lluvia, (aunque no comprendo bien por qué se  ha cambiado de lugar). Con vuestro permiso voy a servirme un cafetito y de paso dejo un relato, a ver si os gusta.

La Nave Blanca

Soy Basil Elton, guardián del faro de Punta Norte, que mi padre y mi abuelo cuidaron antes que yo. Lejos de la costa, la torre gris del faro se alza sobre rocas hundidas y cubiertas de limo que emergen al bajar la marea y se vuelven invisibles cuando sube. Por delante de ese faro, pasan desde hace un siglo las naves majestuosas de los siete mares. En los tiempos de mi abuelo eran muchas; en los de mi padre, no tantas; hoy, son tan pocas que a veces me siento extrañamente solo, como si fuese el último hombre de nuestro planeta.

De lejanas costas venían aquellas embarcaciones de blanco velamen, de lejanas costas de Oriente, donde brillan cálidos soles y perduran dulces fragancias en extraños jardines y alegres templos. Los viejos capitanes del mar visitaban a menudo a mi abuelo y le hablaban de estas cosas, que él contaba a su vez a mi padre, y mi padre a mí, en las largas noches de otoño, cuando el viento del este aullaba misterioso. Luego, leí más cosas de estas, y de otras muchas, en libros que me regalaron los hombres cuando aún era niño y me entusiasmaba lo prodigioso.

Pero más prodigioso que el saber de los viejos y de los libros es el saber secreto del océano. Azul, verde, gris, blanco o negro; tranquilo, agitado o montañoso, ese océano nunca está en silencio. Toda mi vida lo he observado y escuchado, y lo conozco bien. Al principio, sólo me contaba sencillas historias de playas serenas y puertos minúsculos; pero con los años se volvió más amigo y habló de otras cosas; de cosas más extrañas, más lejanas en el espacio y en el tiempo. A veces, al atardecer, los grises vapores del horizonte se han abierto para concederme visiones fugaces de las rutas que hay más allá; otras, por la noche, las profundas aguas del mar se han vuelto claras y fosforescentes, y me han permitido vislumbrar las rutas que hay debajo. Y estas visiones eran tanto de las rutas que existieron o pudieron existir, como de las que existen aún; porque el océano es más antiguo que las montañas, y transporta los recuerdos y los sueños del Tiempo.

La Nave Blanca solía venir del sur, cuando había luna llena y se encontraba muy alta en el cielo. Venía del sur, y se deslizaba serena y silenciosa sobre el mar. Y ya estuvieran las aguas tranquilas o encrespadas, ya fuese el viento contrario o favorable, se deslizaba, serena y silenciosa, con su velamen distante y su larga, extraña fila de remos, de rítmico movimiento. Una noche divisé a un hombre en la cubierta, muy ataviado y con barba, que parecía hacerme señas para que embarcase con él, rumbo a costas desconocidas. Después, lo vi muchas veces más, bajo la luna llena, haciéndome siempre las mismas señas.

La luna brillaba en todo su esplendor la noche en que respondí a su llamada, y recorrí el puente que los rayos de la luna trazaban sobre las aguas, hasta la Nave Blanca. El hombre que me había llamado pronunció unas palabras de bienvenida en una lengua suave que yo parecía conocer, y las horas se llenaron con las dulces canciones de los remeros mientras nos alejábamos en silencioso rumbo al sur misterioso que aquella luna llena y tierna doraba con su esplendor.

Y cuando amaneció el día, sonrosado y luminoso, contemplé el verde litoral de unas tierras lejanas, hermosas, radiantes, desconocidas para mí. Desde el mar se elevaban orgullosas terrazas de verdor, salpicadas de árboles, entre los que asomaban, aquí y allá, los centelleantes tejados y las blancas columnatas de unos templos extraños. Cuando nos acercábamos a la costa exuberante, el hombre barbado habló de esa tierra, la tierra de Zar, donde moran los sueños y pensamientos bellos que visitan a los hombres una vez y luego son olvidados. Y cuando me volví una vez más a contemplar las terrazas, comprobé que era cierto lo que decía, pues entre las visiones que tenía ante mí había muchas cosas que yo había vislumbrado entre las brumas que se extienden más allá del horizonte y en las profundidades fosforescentes del océano. Había también formas y fantasías más espléndidas que ninguna de cuantas yo había conocido; visiones de jóvenes poetas que murieron en la indigencia, antes de que el mundo supiese lo que ellos habían visto y soñado. Pero no pusimos el pie en los prados inclinados de Zar, pues se dice que aquel que se atreva a hollarlos quizá no regrese jamás a su costa natal.

Cuando la Nave Blanca se alejaba en silencio de Zar y de sus terrazas pobladas de templos, avistamos en el lejano horizonte las agujas de una importante ciudad; y me dijo el hombre barbado:

-Aquélla es Talarión, la Ciudad de las Mil Maravillas, donde moran todos aquellos misterios que el hombre ha intentado inútilmente desentrañar.

Miré otra vez, desde más cerca, y vi que era la mayor ciudad de cuantas yo había conocido o soñado. Las agujas de sus templos se perdían en el cielo, de forma que nadie alcanzaba a ver sus extremos; y mucho más allá del horizonte se extendían las murallas grises y terribles, por encima de las cuales asomaban tan sólo algunos tejados misteriosos y siniestros, ornados con ricos frisos y atractivas esculturas. Sentí un deseo ferviente de entrar en esta ciudad fascinante y repelente a la vez, y supliqué al hombre barbado que me desembarcase en el muelle, junto a la enorme puerta esculpida de Akariel; pero se negó con afabilidad a satisfacer mi deseo, diciendo:

-Muchos son los que han entrado a Talarión, la ciudad de las Mil Maravillas; pero ninguno ha regresado. Por ella pululan tan sólo demonios y locas entidades que ya no son humanas, y sus calles están blancas con los huesos de los que han visto el espectro de Lathi, que reina sobre la ciudad.

Así, la Nave Blanca reemprendió su viaje, dejando atrás las murallas de Talarión; y durante muchos días siguió a un pájaro que volaba hacia el sur, cuyo brillante plumaje rivalizaba con el cielo del que había surgido.

Después llegamos a una costa plácida y riente, donde abundaban las flores de todos los matices y en la que, hasta donde alcanzaba la vista, encantadoras arboledas y radiantes cenadores se caldeaban bajo un sol meridional. De unos emparrados que no llegábamos a ver brotaban canciones y fragmentos de lírica armonía salpicados de risas ligeras, tan deliciosas, que exhorté a los remeros a que se esforzasen aún más, en mis ansias por llegar a aquel lugar. El hombre barbado no dijo nada, pero me miró largamente, mientras nos acercábamos a la orilla bordeada de lirios. De repente, sopló un viento por encima de los prados floridos y los bosques frondosos, y trajo una fragancia que me hizo temblar. Pero aumentó el viento, y la atmósfera se llenó de hedor a muerte, a corrupción, a ciudades asoladas por la peste y a cementerios exhumados. Y mientras nos alejábamos desesperadamente de aquella costa maldita, el hombre barbado habló al fin, y dijo:

-Ese es Xura, el País de los Placeres Inalcanzados.

Así, una vez más, la Nave Blanca siguió al pájaro del cielo por mares venturosos y cálidos, impelida por brisas fragantes y acariciadoras. Navegamos día tras día y noche tras noche; y cuando surgió la luna llena, dulce como aquella noche lejana en que abandonamos mi tierra natal, escuchamos las suaves canciones de los remeros. Y al fin anclamos, a la luz de la luna, en el puerto de Sona-Nyl, que está protegido por los promontorios gemelos de cristal que emergen del mar y se unen formando un arco esplendoroso. Era el País de la Fantasía, y bajamos a la costa verdeante por un puente dorado que tendieron los rayos de la luna.

En el país de Sona-Nyl no existen el tiempo ni el espacio, el sufrimiento ni la muerte; allí habité durante muchos evos. Verdes son las arboledas y los pastos, vivas y fragantes las flores, azules y musicales los arroyos, claras y frescas las fuentes, majestuosos e imponentes los templos y castillos y ciudades de Sona-Nyl. No hay fronteras en esas tierras, pues más allá de cada hermosa perspectiva se alza otra más bella. Por los campos, por las espléndidas ciudades, andan las gentes felices y a su antojo, todas ellas dotadas de una gracia sin merma y de una dicha inmaculada. Durante los evos en que habité en esa tierra, vagué feliz por jardines donde asoman singulares pagodas entre gratos macizos de arbustos, y donde los blancos paseos están bordeados de flores delicadas. Subí a lo alto de onduladas colinas, desde cuyas cimas pude admirar encantadores y bellos panoramas, con pueblos apiñados y cobijados en el regazo de valles verdeantes y ciudades de doradas y gigantescas cúpulas brillando en el horizonte infinitamente lejano. Y bajo la luz de la luna contemplé el mar centelleante, los promontorios de cristal, y el puerto apacible en el que permanecía anclada la Nave Blanca.

Una noche del memorable año de Tharp, vi recortada contra la luna llena la silueta del pájaro celestial que me llamaba, y sentí las primeras agitaciones de inquietud. Entonces hablé con el hombre barbado, y le hablé de mis nuevas ansias de partir hacia la remota Cathuria, que no ha visto hombre alguno, aunque todos la creen más allá de las columnas basálticas de Occidente. Es el País de la Esperanza: en ella resplandecen las ideas perfectas de cuanto conocemos; al menos así lo pregonan los hombres. Pero el hombre barbado me dijo:

-Cuídate de esos mares peligrosos, donde los hombres dicen que se encuentra Cathuria. En Sona-Nyl no existe el dolor ni la muerte; pero, ¿quién sabe qué hay más allá de las columnas basálticas de Occidente?

Al siguiente plenilunio, no obstante, embarqué en la Nave Blanca, y abandoné con el renuente hombre barbado el puerto feliz, rumbo a mares inexplorados.

Y el pájaro celestial nos precedió con su vuelo, y nos llevó hacia las columnas basálticas de Occidente; pero esta vez los remeros no cantaron dulces canciones bajo la luna llena. En mi imaginación, me representaba a menudo el desconocido país de Cathuria con espléndidas florestas y palacios, y me preguntaba qué nuevas delicias me aguardarían. "Cathuria", me decía, "es la morada de los dioses y el país de innumerables ciudades de oro. Sus bosques son de aloe y de sándalo, igual que los de Camorin; y entre sus árboles trinan alegres y entonan sus cantos amables los pájaros; en las verdes y floridas montañas de Cathuria se elevan templos de mármol rosa, ricos en bellezas pintadas y esculpidas, con frescas fuentes argentinas en sus patios, donde gorgotean con música encantadora las fragantes aguas del río Narg, nacido en una gruta. Las ciudades de Cathuria tienen un cerco de murallas doradas, y sus pavimentos son de oro también. En los jardines de estas ciudades hay extrañas orquídeas y lagos perfumados cuyos lechos son de coral y de ámbar. Por la noche, las calles y los jardines se iluminan con alegres linternas, confeccionadas con las conchas tricolores de las tortugas, y resuenan las suaves notas del cantor y el tañedor de laúd. Y las casas de las ciudades de Cathuria son todas palacios, construidos junto a un fragante canal que lleva las aguas del sagrado Narg. De mármol y de pórfido son las casas; y sus techumbres, de centelleante oro, reflejan los rayos del sol y realzan el esplendor de las ciudades que los dioses bienaventurados contemplan desde lejanos picos. Lo más maravilloso es el palacio del gran monarca Dorieb, de quien dicen algunos que es un semidiós y otros que es un dios. Alto es el palacio de Dorieb, y muchas son las torres de mármol que se alzan sobre las murallas. En sus grandes salones se reúnen multitudes, y es aquí donde cuelgan trofeos de todas las épocas. Su techumbre es de oro puro, y está sostenida por altos pilares de rubí y de azur donde hay esculpidas tales figuras de dioses y de héroes, que aquel que las mira a esas alturas cree estar contemplando el olimpo viviente. Y el suelo del palacio es de cristal, y bajo él manan, ingeniosamente iluminadas, las aguas del Narg, alegres y con peces de vivos colores desconocidos más allá de los confines de la encantadora Cathuria".

Así hablaba conmigo mismo de Cathuria, pero el hombre barbado me aconsejaba siempre que regresara a las costas bienaventuradas de Sona-Nyl; pues Sona-Nyl es conocida de los hombres, mientras que en Cathuria jamás ha entrado nadie.

Y cuando hizo treinta y un días que seguíamos al pájaro, avistamos las columnas basálticas de Occidente. Una niebla las envolvía, de forma que nadie podía escrutar más allá, ni ver sus cumbres, por lo cual dicen algunos que llegan a los cielos. Y el hombre barbado me suplicó nuevamente que volviese, aunque no lo escuché; porque, procedentes de las brumas más allá de las columnas de basalto, me pareció oír notas de cantones y tañedores de laúd, más dulces que las más dulces canciones de Sona-Nyl, y que cantaban mis propias alabanzas; las alabanzas de aquél que venía de la luna llena y moraba en el País de la Ilusión. Y la Nave Blanca siguió navegando hacia aquellos sones melodiosos, y se adentró en la bruma que reinaba entre las columnas basálticas de Occidente. Y cuando cesó la música y levantó la niebla, no vimos la tierra de Cathuria, sino un mar impetuoso, en medio del cual nuestra impotente embarcación se dirigía hacia alguna meta desconocida. Poco después nos llegó el tronar lejano de alguna cascada, y ante nuestros ojos apareció, en el horizonte, la titánica espuma de una catarata monstruosa, en la que los océanos del mundo se precipitaban hacia un abismo de nihilidad. Entonces, el hombre barbado me dijo con lágrimas en las mejillas:

-Hemos despreciado el hermoso país de Sona-Nyl, que jamás volveremos a contemplar. Los dioses son más grandes que los hombres, y han vencido.

Yo cerré los ojos ante la caída inminente, y dejé de ver al pájaro celestial que agitaba con burla sus alas azules sobrevolando el borde del torrente.

El choque nos precipitó en la negrura, y oí gritos de hombres y de seres que no eran hombres. Se levantaron los vientos impetuosos del Este, y el frío me traspasó, agachado sobre la losa húmeda que se había alzado bajo mis pies. Luego oí otro estallido, abrí los ojos y vi que estaba en la plataforma de la torre del faro, de donde había partido hacía tantos evos. Abajo, en la oscuridad, se distinguía la silueta borrosa y enorme de una nave destrozándose contra las rocas crueles; y al asomarme a la negrura descubrí que el faro se había apagado por primera vez desde que mi abuelo asumiera su cuidado.

Y cuando entré en la torre, en la última guardia de la noche, vi en la pared un calendario: aún estaba tal como yo lo había dejado, en el momento de partir. Por la mañana, bajé de la torre y busqué los restos del naufragio entre las rocas; pero sólo encontré un extraño pájaro muerto, cuyo plumaje era azul como el cielo, y un mástil destrozado, más blanco que el penacho de las olas y la nieve de los montes.

Después, el mar no ha vuelto a contarme sus secretos, y aunque la luna ha iluminado los cielos muchas veces desde entonces con todo su esplendor, la Nave Blanca del sur no ha vuelto jamás.

« última modificación: Septiembre 09, 2012, 18:18:25 pm por William Munny »

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #23 en: Septiembre 09, 2012, 21:37:20 pm »
Ayer no pude tomarme un cafe con vosotros.Estaba deseando tomarme algo aqui en la terraza de este Cafe, leyendo y divirtiendome.Gracias.
[email protected]

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #24 en: Septiembre 09, 2012, 22:13:56 pm »
Hola pasaba por aqui a descansar un rato ...y me tomaré un cafecito con [email protected]  ;)

Yo os dejo un escrito que me gusta y que siempre tengo muy presente...la realidad..nuestra realidad..es la que nosotros percibimos.Soñaba el ciego que veía y soñaba lo que quería...viejo refrán popular   :)


El tamaño del universo

Un dia, una niña llegò delante de un pensador y le preguntò :
- ¿Que tamaño tiene el universo?
Acariciando la cabeza de la niña, la mirò y le respondiò:
- El universo tiene el tamaño de tu mundo.
Perturbada, ella nuevamente indagò :
- ¿Que tamaño tiene mi mundo ?
El pensador respondiò :
- Tiene el tamaño de tus sueños .

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #25 en: Septiembre 09, 2012, 23:08:41 pm »
Muchísimas gracias, William, no sabes cuanto me alegra que guste este Café  :).. Y no, yo tampoco sé por qué ha sido trasladado, pero es igual porque lo importante no es el lugar en el que esté, sino que tenga vida y pueda convertirse en un lugar agradable para la lectura, las charlas livianas y amenas, o los debates más profundos.  :)

¡Magnífico tu relato!  :) .. La Nave blanca, de H.P. Lovecraft, es una Obra fantástica, maravillosa .. un cuento de sueño.. o ensueño. Recordarla ha sido muy agradable.  :)


Haces muy bien, Nerón, con los calores de estos últimos días, no hay lugar más agradable que la terraza de este Café. Gracias por la compañía.  :)

¡Hola, Maribel!..  :).. ¿tú eras de café?  :duda .. bueno, ante la duda, os dejo un poquito de todo...  ;) ;D  (pronto pareceré la tabernera, ja, ja, ja)



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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #26 en: Septiembre 10, 2012, 00:22:03 am »
¿Queréis acompañarme a dar una vuelta por alguna de las grandes Obras Maestras del cine de todos los tiempos?  :)


"Candilejas" (1952)


Candilejas (1952) es una historia con la que podemos identificar a Chaplin mostrándonos su perdón, su pesar y ofreciendo sus lecciones a la nueva sangre. Porque pocas peliculas dan una leccion de humanidad tan completa como Candilejas. De hacer una historia sin decir a nadie el porque. Cada segundo es para el espactador un momento de reflexion y nostalgia. Charles Chaplin es único en crear una felicidad desde el inicio hasta el fin. Un sentimiento universal. Hasta en una drama tan mayúsculo como este no pude dejar de sonreír, entre lagrima y risa. Porque tiene ese don, el don de transmitir esa felicidad, incluso aunque no quieras ser partícipe de ella.

El film nos sitúa en Londres durante la Primera Guerra Mundial. Un veterano cómico de teatro llamado Calvero (Charles Chaplin), en plena decadencia y alcohólico, acoge en su casa a una joven atormentada a la que salva cuando ésta se va a suicidar, intoxicada con gas. Tras ese accidente la joven cree estar paralítica, sin ganas de vivir en un mundo sin futuro, ya que ha fracasado en su gran sueño de ser bailarina. Dedica su tiempo a enseñar a la joven bailarina su experiencia y su filosofía de la vida.



El cómico intentará que la joven Thereza (Claire Bloom) vuelva a caminar y recupere su afición por la danza. Juntos consiguen que Terry, como la llaman los pocos allegados que le quedan, triunfe en el ballet unos pocos años después, pero Calvero siente que su tiempo ya ha pasado, como queda patente al ser rechazado por el público en su regreso a los escenarios. Ahora será la joven la que tendrá que darle ganas de vivir.

"Candilejas" Roberto Carlos


Tú llegaste a mi, cuando me voy
eres luz de abril, yo tarde gris.

Eres juventud, amor, calor, fulgor de sol,
trajiste a mi tu juventud, cuando me voy.

Entre candilejas, te adoré
entre candilejas, yo te amé
la felicidad que diste a mi vivir se fue...
no volverá nunca jamás, lo sé muy bien...

Tú llegaste a mi, cuando me voy
eres luz de abril, yo tarde gris.

Eres juventud, amor, calor, fulgor de sol,
trajiste a mi tu juventud, cuando me voy.
 
Entre candilejas, te adoré
entre candilejas, yo te amé
la felicidad que diste a mi vivir se fue...
no volverá nunca jamás, lo sé muy bien...


 

La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #27 en: Septiembre 11, 2012, 01:27:15 am »
El Café ha estado hoy en silencio ... pero eso no es malo, porque ... ¿hay algo mejor que el silencio para adentrarse en la lectura de un buen libro, mientras se escucha a un clásico entre los clásicos?.....  ;)

Vivaldi's Four Seasons - Spring (Part 1)


La vida no es esperar a que pase la tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #28 en: Septiembre 11, 2012, 10:39:53 am »
El Café ha estado hoy en silencio ... pero eso no es malo, porque ... ¿hay algo mejor que el silencio para adentrarse en la lectura de un buen libro, mientras se escucha a un clásico entre los clásicos?.....  ;)

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Me encanta ese café en silencio, y mas si es acompañado de Vivaldi....gracias lluvia  :) :flor

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Re: El Café de la amistad
« Respuesta #29 en: Septiembre 11, 2012, 11:39:36 am »
Buenos dias con esta relajante música de Vivaldi,gracias lluvia :)