En lo referente a éste tema, encontré una información que empieza así:(es del mismo protagonista que menciona el Sr. William Munny).
Recuerdos inolvidables
Brad Williams recuerda con detalle los últimos 40 años de su vida y responde a las preguntas que le formulan sus oyentes más de prisa que el buscador Google. Este periodista radiofónico norteamericano goza de una memoria personal tan prodigiosa que es capaz de convertir el pasado en presente sin que le suponga ningún esfuerzo mientras intenta comprender, extrañado, porqué sus amigos y familiares tienen un mecanismo en e cerebro que les permite olvidar.
Hace años Ireneo Funes tuvo un problema parecido. Guardaba sin descanso millones de fotogramas en la cabeza, hasta que determinó reducir su vida a unos 70,000 recuerdos. Iba a empezar la tarea, cuando descubrió que llegaría la hora de la muerte y aún no habría terminado de clasificar los mejores momentos de la infancia. Ireneo es el protagonista de un relato de ficción que el escritor argentino Jorge Luis Borges escribió en 1942.
En cambio Brad es un hombre que se ha hecho famoso en Estados Unidos tras el estudio científico realizado por los doctores James L. McGaugh y Larry Cahill, del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria de la Universidad de Irvine (California). Brad nunca imaginó que le diagnosticarían una afección inaudita y sorprendente: hipertimesia. ''Los investigadores me investigaron durante 40 minutos sobre acontecimientos de mi pasado, fui sometido a test de memoria y me escanearon la cabeza para explorarla mediante imágenes digitalizadas. Planean estudiar mi caso detenidamente en un futuro próximo, sin recurrir a las pruebas genéticas. Disfruto de la fama, aunque no soy tan popular como Tom Cruise o Brithney Spears'', comenta. Ésta historia empezó el lunes 27 de marzo de 2006, cuando Eric Williams, hermano pequeño de Brad, leyó en la página web de la cadena de televisión ABC una noticia que le resultó familiar.
Se trataba de AJ (su nombre es Jill Price, pero prefirió conservar el anonimato), una mujer norteamericana de 41 años, que rememoraba todo lo que había hecho desde 1974. Podías preguntarle la fecha de un acontecimiento histórico significativo y ella respondía rápida y correctamente. Sus familiares y amigos la llamaban ''el calendario humano''.
Más datos que Google
AJ memorizaba sin querer, cada detalle alegre o triste de su vida, además de datos enciclopédicos, hasta que decidió, angustiada, pedir auxilio a los investigadores Elizabeth Parker, Larry Cahill y James L. McGaugh, quienes la sometieron a numerosos exámenes neuropsicológicos durante seis años, en California.
Los tres llegaron a la conclusión de que la mujer, que quería ser conocida por las iniciales de su nombre, sufría un problema de interconexión cerebral inédito en la literatura médica. Así, resolvieron llamarlo hipertimesia, tomado como base del término griego thimesys, que significa recordar. Parker, Cahill y McGaugh estaban fascinados con el hallazgo y empezaron a buscar más casos de personas afectadas por el síndrome, con la esperanza de avanzar en el conocimiento del cerebro humano.
''Me di cuenta de que Brad debía ponerse en manos de los científicos de la Universidad de Irvine. Tras una entrevista telefónica, seleccionaron a mi hermano para realizar varias pruebas y nos fuimos a California. El desenlace ya lo sabemos. McGaugh me agradeció mucho mi empeño'', comenta Eric Williams, que prepara el documental Unforgettable (inolvidable), donde Brad compite con Google contestando bien veinte preguntas.
''Me encantaría conocer a Jill Price; todavía no nos han presentado los doctores de California'', afirma Williams. Un encuentro que, sin duda, será memorable. AJ sufre migrañas con frecuencia. Está bajo tratamiento para combatir la ansiedad y les tiene fobia a los médicos, a los hospitales, a los recintos universitarios y a los pájaros desde el 16 de julio de 1988, día en que una paloma le picoteó la cabeza. Cree la necesidad de ordenar su existencia procede del trauma que experimentó a los ocho años, cuando sus padres la llevaron a vivir a la costa oeste del país.
En ese instante, decidió aferrarse emocionalmente al pasado coleccionando fotos de su primera casa, guías de televisión, listas de supermercados y mensajes de voz.
AJ enseñó a los investigadores Parker, Cahill y McGaugh algunos de los diarios que había escrito entre los 10 y 34 años.
En algunos casos, las descripciones sobre lo que había hecho durante el día eran tan precisas que no le quedaba más remedio que redactar con una letra minúscula. Una vez terminados, nunca los revisaba.
De esa práctica nace su retentiva descomunal, según publicaron los científicos, hace dos años, en la revista Neurocase.
El olvido da la felicidad
''Éste tipo de comportamiento responde a rituales obsesivo-compulsivos, propios de personas autistas incapaces de olvidar. Recuerdo a un paciente al que le pedí que memorizara una lista de quince palabras. Al cabo de un año me las recitó de nuevo por que estaban grabadas en su cabeza. Creo que Borges sospechaba de la existencia de la hipertinesia antes de empezar a escribir 'Funes el memorioso'. Resultaba muy difícil imaginarlo de otro modo. Los neurólogos hemos leído muchas veces éste relato, manifiesta Marcelo Berthier, neurólogo del Centro de Investigaciones Médico-Sanitarias de la Universidad de Málaga y coordinador del Grupo de Neurología de la Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología. Y es que los recuerdos son el camino hacia el conocimiento.
No usamos todo el cerebro
La memoria siempre ha intrigado al ser humano. Hoy, la ciencia ha descubierto que olvidar y dulcificar el pasado sin dos acciones buenas, necesarias para darle sentido a nuestra vida, lo que nos convierte en una especie positiva que sabe minimizar el impacto de las desgracias. Conforme envejecemos perdemos de vista los detalles precisos de una cara o fecha concreta, pero adquirimos el hábito de generalizar mediante la reflexión; aprendemos a clasificar los datos según su importancia. Así se llega a la sabiduría. Los neurólogos estamos investigando los fármacos betabloqueantes para limitar los recuerdos traumáticos de mayor impacto en el individuo. ''¿A quién le gustaría ser como Ireneo Funes?'', señala por correo electrónico Joaquin Fuster, profesor de Psiquiatría de la Universidad de California en los Ángeles. El saber sí ocupa un lugar físico. Mediante resonancias magnéticas, se ha demostrado que en la corteza prefrontal, parte del cerebro que interviene en la búsqueda de información memorizada, disminuye la actividad cuando conservamos sólo aquello que nos resulta útil. También existe evidencia de una relacion entre memoria e imaginación, que es difícil que, valga la paradoja, olvidar.
Bibliografía
Revista QUO