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Autor Tema: Nueva Zelanda: Ruta por la Isla Sur  (Leído 1722 veces)

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Nueva Zelanda: Ruta por la Isla Sur
« en: Diciembre 22, 2013, 19:10:25 pm »


Península de Banks

Sus bahías bordeadas de montes y prados se hallan a poca distancia de Christchurch.

La Isla Sur de Nueva Zelanda aún es un territorio muy ajeno a los hombres. Durante siglos, los maorís solo cruzaron el estrecho de Cook para cazar o abastecerse de pounamu (nefrita), un tipo de jade con el que confeccionaban joyas. A aquella isla con forma de barca la llamaron Te Waka a Maui, La Canoa de Maui, el semidiós que creó los fiordos y los herméticos valles, las planicies atestadas hoy de ovejas, los lagos y los bosques donde habita el mayor número de aves no voladoras del mundo. Algo virginal resiste ahí, sí. Y los kiwis (nombre con que popularmente se llama a los neozelandeses) luchan por defenderlo.



P. N. Fiordland

La mayor reserva del país protege 21.000 kilómetros cuadrados de fiordos, lagos y picos que superan los 2.500 metros. La ciudad de Te Anau es la puerta de entrada a este paraíso.

Desafiando los temores polinesios y el sobrenombre de Islas Temblorosas con el que se conocía a Nueva Zelanda, los colonos británicos levantaron en 1850 la ciudad de Christchurch a imagen y semejanza de sus urbes europeas, y a pocos kilómetros de la salvaje península de Banks. Dos siglos después, la mayor población de la Isla Sur sigue exhibiendo edificios bajos con fachadas victorianas, céspedes impecables, estanques y colegiales de uniforme. Como su nombre indica, Christchurch es la plaza fuerte de una fe que ha convencido a miles de maoríes. Religión y patria, cruces y banderas, emergen con toda su potencia anacrónica en pubs y en jardines. Sacudida por un terremoto en 2011 y otro en 2012, la ciudad muestra su continua lucha por domesticar esta isla salvaje en el Museo de Canterbury. 



Christchurch

Barcas al más puro estilo inglés surcan las aguas del río Avon a su paso por la capital de la Isla Sur.

Las canicas del gigante



Moeraki

Los cantos de cal esparcidos por esta playa son, según una leyenda maorí, los cestos de comida de una canoa mítica.

Al sur se extienden los llanos de Canterbury y, tras un par de horas de carretera, la costa ofrece regalos como los cantos de Moeraki, unas piedras esféricas diseminadas por la playa como las canicas olvidadas de un gigante.



Península de Otago

El monte Charles surge a lo largo de una de las rutas panorámicas que salen de Dunedin.

Dunedin espera a otras dos horas de coche, azotada por un impetuoso viento. Incluso los ingleses que vienen a animar a su selección de críquet llevan chaqueta, mientras las chicas de la ciudad se pasean en tirantes junto a chavales que se zampan helados al arrullo de temas pop de los años 80, donde parece que Dunedin –y también la isla– se ancló. El espíritu que predomina podría confundirse con nostalgia, pero tiene que ver con una forma de vida más calmada y que exige acaparar energía antes de enfrentarse a una naturaleza imperial. Como la que alberga la vecina península de Otago: una fiesta de focas, pingüinos azules y de ojos amarillos, y de la única colonia de albatros del mundo situada tierra adentro. En cuanto a las algas, son gruesas como tentáculos y parece lógico que fuera aquí donde el escritor H.P. Lovecraft hiciera emerger a su monstruo Cthulhu en la década de 1920. Todo puede disfrutarse por senderos de nivel moderado, a pie o en bicicleta.



Catlins

Desde el faro de Nugget Point, de 1869, se contempla la mejor vista de este litoral del extremo septentrional de la isla.

Fieles al estilo demodé, los kiwis a menudo rotulan sus establecimientos de forma agresiva, como el cartel «Bienvenidos al infierno. Casa de los siete pecados capitales» que anuncia un local donde se puede apostar dinero y beber alcohol. Desde los zapatos a la miel, de la leche a la cerveza o a las cañas de pescar, cada pueblo afirma ser el mejor del mundo haciendo o poseyendo algo. No hay duda de que superan récords de ovejas, con cuarenta millones apiñados en este sur. Desde que el forajido James Mckenzie, en 1855, se aventuró con un rebaño robado por las planicies de Otago, las ovejas se han multiplicado y ahora los camiones ovejeros zumban todo el tiempo hacia el norte por carreteras de una desolación conmovedora.

En dirección sur se llega a los Catlins, un litoral de aspecto fantasmagórico con árboles fosilizados, cascadas, bahías en las que nadan delfines de Héctor y cuevas apenas accesibles durante la marea baja; las focas son peludas, los elefantes marinos, blancos, y abundan los bosques de rimu, ese árbol autóctono donde se posan pájaros cantores como el tui o el kereru.



Vinos de las antípodas

El ganado ovino es, junto a los deportes de aventura, la principal actividad económica del interior, pero desde hace ya unas décadas la elaboración de vinos se ha sumado a ese empuje. Los viñedos del lago Wanaka y los de Waipara, en la Isla Sur, producen excelentes variedades de Riesling, Borgoña, Chardonnay y Sauvignon entre otros. Las bodegas organizan rutas y catas de vinos.

Entre tanto bucolismo cuesta creer que Nueva Zelanda haya albergado continuas batallas entre blancos y maoríes. El último combate, el burocrático, se lo apuntaron estos últimos al resucitar el Tratado de Waitangi (1840), documento fundacional del país por el que recientemente se les indemnizó con un montón de millones y la devolución de tierras. Unos y otros han hallado un objetivo común en la preservación de los espacios naturales de la isla.

Un refugio de fauna

El Parque Nacional de Fiordland es la mayor reserva del país. Sus bosques, glaciares y fiordos han ocultado animales que se creían extinguidos, como el takahe, al que la perseverancia del doctor Geoffrey Orbell devolvió a la vida... pública. Hoy se le puede ver en el centro para rehabilitación de especies en peligro de Te Anau. El takahe es un pájaro que no puede volar, como el weka, el kakapo, el kiwi y el moa, que fue el pájaro más grande sobre la tierra y terminó extinguido hace cuatro siglos por los maoríes.



Queenstown

El lago Wakatipu y los montes Remarkables son el magnífco telón de fondo de esta ciudad del interior. En los últimos años se ha erigido en capital del deporte de aventura.

Las estribaciones de Te Anau, la «gran» ciudad de Fiordland, huelen a lana húmeda por la mezcla de lluvia y esquila. Las montañas se yerguen majestuosas ahí delante. Los barrancos aumentan su despliegue creativo. Los desniveles y las sinuosidades guardan un desordenado equilibrio que revela la armonía del caos.
Al alcance de los visitantes hay barcos, avionetas, helicópteros y vehículos todoterreno para escurrirse por meandros helados y bosques tupidos que permiten confirmar que, a veces, el desvarío puede tener sentido. Navegar por los fiordos o visitar las cuevas de luciérnagas reporta visiones asombrosas, si bien el abanico de senderos permite acceder a rincones de una virginidad primigenia.

Hacia la ciudad de Queenstown, unos kilómetros al norte, las diferentes texturas del verde dan al suelo la densidad de una trama medieval, de un mosaico de azulejos lisboeta, con la particularidad de que esta obra la firma la Naturaleza. Emplazada a orillas del lago Wakatipu, Queenstown nació de la fiebre del oro y hoy vive del turismo de aventura gracias a sus ríos de aguas bravas y a las cercanas montañas Remarkables y Coronet Peak. Pese a los ingresos atraídos por acoger escenarios de El Señor de los Anillos y a ser considerada la meca de las bicicletas de montaña, el negocio local sigue siendo la ganadería, una actividad muy afectada por la sequía de los últimos años.



P. N. Mount Cook

Una amplia red de senderos recorre este emblemático parque.
 
La ruta hacia el norte asciende en paralelo al mar de Tasmania para bordear los gigantes de piedra y hielo de tres parques nacionales consecutivos: Westland, Aoraki/Mount Cook y Arthur’s Pass. Más allá de la carretera y de ese denso bosque tropical que alcanza la orilla del mar, se erigen los míticos montes Cook (3.764 m) y Tasman (3.498 m), a cuyos pies se extienden largas lenguas glaciares que pueden explorarse en compañía de un guía.

El techo de la isla



P. N. Westland

Esta inmensa reserva, fronteriza con el P. N. Mount Cook, alberga decenas de glaciares y lagos como el Matheson.

De camino al Parque Nacional del Monte Cook, una mujer hace ganchillo en el autobús mientras el chófer habla, entre otras cosas, de lo bien que trepa la thar (una especie de cabra), de que el centro alpino en homenaje a sir Edmund Hillary (el primer hombre en alcanzar la cumbre del Everest) abrió en octubre de 2007, tres meses antes de que falleciera, y de que los maoríes llaman al monte Cook (3.754 m) «el que atraviesa las nubes». De hecho, el explorador neerlandés Abel Tasman fue el primer europeo que vio la montaña, pero los que ponen los nombres decidieron que, al fin y al cabo, James Cook había sido el primero en circunnavegar Nueva Zelanda y bien merecía ese homenaje.



Las joyas naturales de la Isla Sur

1 Christchurch. La capital de la Isla Sur es una base excelente para conocer la región ganadera de Canterbury y sus vinos.
2 Península de Banks. Este enclave próximo a la capital es el primer contacto con la naturaleza neozelandesa y la cultura maorí.
3 Catlins. Esta costa al sur de Dunedin está llena de cuevas y acantilados.
4 P.N. Fiordland. Te Anau es la principal ciudad de este paraíso acuático.
5 P.N. Westland. Se extiende desde los Alpes Meridionales hasta el mar de Tasmania. Tiene hasta 60 glaciares y picos de más de 3.500 m.
6 P.N. Aoraki/Mount Cook. Lleva el nombre del pico más alto del país.


PARA SABER MÁS

Documentos: pasaporte.
Idioma: inglés.
Moneda: dólar neozelandés.
Diferencia horaria: 12 horas más que en España.

Cómo llegar: Los vuelos internacionales que aterrizan en Christchurch realizan como mínimo una escala y una parada técnica. Tres líneas de autobús conectan la terminal con la ciudad, a 12 km.

Cómo moverse: Para alquilar un coche o una autocaravana (driving routes en www.newzealand.com) hay que disponer del Permiso Internacional de Conducir; se conduce por la izquierda. El tren TranzAlpine cruza los Alpes neozelandeses desde Christchurch en un día (www.kiwirailscenic.co.nz). La Isla Sur también se puede recorrer en autobús; hay varios abonos.

Alojamiento: Las granjas, los bed &breakfast y las casas de huéspedes son las opciones que permiten mayor contacto con la gente del país.

Turismo de Nueva Zelanda

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Re: Nueva Zelanda: Ruta por la Isla Sur
« Respuesta #1 en: Febrero 02, 2015, 08:22:08 am »
 ;)El otro día estuve cenando en casa de unos amigos que hacía poco que habían llegado de Nueva Zelanda, estuvimos mirando todas las fotos de su viaje y contando todo lo que hicieron, como las costumbre de aquel país y la verdad es que fueron impresionantes los paisajes de montaña y playas que hay allí
Precioso hilo
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